Hay alimentos que comemos porque tenemos hambre. Y hay otros que elegimos simplemente porque queremos disfrutar.
Para mí, el chocolate pertenece definitivamente al segundo grupo.
En Barroco hacemos bombones porque creemos en eso: en disfrutar el chocolate, descubrirlo y convertirlo en un pequeño momento especial.
No todo tiene que ser saludable para hacernos bien
Vivimos rodeados de mensajes sobre lo que podemos comer y lo que deberíamos evitar. Y, por supuesto, cuidar nuestra alimentación es importante. Pero también creo que hay espacio para el placer.
Nuestros bombones son alta pastelería. Muchos llevan dulce de leche, caramelo, pralinés, frutas, cremas y otros rellenos que aportan azúcar. No pretendemos convertir un bombón en un alimento saludable. Queremos hacer algo mucho más sencillo: hacerlo delicioso.
Y cuando los ingredientes son buenos y el bombón está bien hecho, también hay valor en comerlo despacio, prestarle atención y disfrutarlo.
¿Y el cacao?
Cuando hablamos de las propiedades del chocolate, es importante distinguir el chocolate del cacao. El cacao, especialmente cuando está presente en chocolates con un alto porcentaje, 70% o más, contiene flavonoides y minerales como magnesio, hierro y zinc, y ha sido estudiado por su relación con la circulación, la salud cardiovascular y el estado de ánimo. Pero eso no significa que un bombón relleno sea un alimento saludable ni que podamos comer chocolate sin límite. El tipo de chocolate, sus ingredientes y la cantidad importan.
Por eso, en Barroco preferimos hablar de calidad y placer, antes que de convertir al chocolate en algo que no es.
El chocolate también tiene que ver con cómo nos sentimos
En las tardes, un submarino me resulta mucho más reconfortante que un café.

Ese momento de ver cómo el chocolate se funde, tomar algo caliente y hacer una pausa puede cambiar completamente la tarde. En mi caso, siento que me baja la ansiedad de seguir buscando algo dulce.
No digo que el chocolate sea una solución para la ansiedad. Es simplemente mi experiencia.
Y creo que ahí está parte de la magia del chocolate: no es solamente sabor. También es aroma, textura, temperatura, recuerdos y sensaciones.
Un bombón se disfruta con todos los sentidos
Un buen bombón no se come de cualquier manera.
Primero lo miramos. Después sentimos su aroma. Luego llega el primer mordisco y aparece el relleno: una crema sedosa, un praliné crujiente, una fruta, un crocante...
Y durante unos segundos prestamos atención solamente a eso.
Quizás por eso el chocolate está tan presente en los momentos especiales. Porque regalar una caja de bombones no es solamente regalar algo dulce.
Es decir:
“Pensé en vos.”
“Quería darte un gusto.”
“Quería que disfrutes este momento.”

Y también está el placer de compartir
Una de las cosas que más me entusiasman del chocolate es todo lo que sucede alrededor de él.
Una sobremesa, una visita, una conversación, una copa de vino, un café, un momento íntimo y cómplice, o simplemente una tarde tranquila.
Entonces, ¿por qué nos gusta tanto el chocolate?
Quizás porque reúne demasiadas cosas buenas en un solo lugar.
Puede ser intenso o delicado, crujiente o cremoso, dulce o ligeramente amargo. Puede ser un regalo para alguien que queremos o un pequeño lujo que nos hacemos a nosotros mismos.
Y no necesitamos esperar una ocasión especial.
Podemos comer un buen bombón un martes, después de almorzar, con un café, a media tarde o simplemente porque tenemos ganas.
No hace falta justificar el placer.
Creo que lo importante es elegir un buen chocolate, disfrutarlo con todos los sentidos y, sobre todo, hacerlo con atención.
Porque cuando algo está realmente bien hecho, vale la pena saborearlo.
Y el chocolate, para mí, es uno de esos pequeños lujos que hacen la vida un poquito más rica.